Buen martes.
Hace un tiempo una amiga me dijo que escribía mucho mientras estaba en la cocina. Es más: allí guardaba todos los artilugios de la escritura, aquel era su despacho, allí tenía sus libros de consulta, porque era el lugar que, mientras estaba en casa, más tiempo la acogía.
Me gusta pensar que todos sus platos sabían a cuentos y todos sus cuentos tenían un invariable aroma a fritanga. Que se confundía y calculaba el tiempo de la cocción por versos en lugar de minutos. Y que sus poemas hablaban de carne ensangrentada, corazones partidos, azúcar en polvo.Que su familia se sentaba a la mesaa comer conservilletas de papel escritas de su puño y letra. Comer y leer al mismo tiempo.
Bueno, luego he pensado que no es gracioso.Borges en uno de sus ensayos hablaba con desdén de la poesía de A.Storni calificándola de sentimental. Y lo sentimental, ya se sabe,nomerece la pena ser nombrado.Apenas se lee la poesía de las mujeres, siempre escriben con ese tono lastimero y sufriente que pone de los nervios a cualquier ser racional.
Gracias Damasio.("El error de Descartes")
Inicio una sección titulada, Mejor un poema que tener hecha la cena, con un poemita genial de Claribel Alegría: Vuelo interrumpido
"Soñé que era un ala
desperté
con el tirón
de mis raíces"
E invito a las cocineras que me estén leyendo a que hagan como yo, dejen que todo se queme y escriban.