CAJERA
El autoservicio es como todos, pero voy porque me gusta ver a la cajera del turno de mañana. Es una de esas chicas que toman los productos con delicadeza y los pasan por la cinta magnética como si les estuvieran dando un masaje. Y luego te dice lo que es el total con vergüenza, por si no tienes suficiente, y te da las gracias con los ojos alegres porque acabas de hacerle un gran favor. Se llama Esmeralda, según dice su placa sobre el pecho leve que le inflama la camisa rosa que lleva siempre. Y hoy la he llamado por su nombre. Ella no ha parecido notarlo porque ha contestado “treinta y dos con cinco”, pero cuando me ha dado las vueltas se ha detenido un poco más en mi mano que de costumbre y se ha equivocado con los céntimos.


Otro microcuento tuyo a destacar. De la cotidianidad extraes la luz, el prodigio. Y, además, es muy cinematográfico. Lo saco para que lo lean tus visitadores.