Sentada mientras desayuno. El único que tiene prisa es el reloj; soplo con delicadeza las migas de la mesa, no hay ningún motivo para moverse. Me abrazo la cintura. Hace mucho que no me veía y estoy contenta. Me escucho.
Hay una luz sobre los muebles que no recuerdo haber visto nunca. Un ruido de pájaros que no es costumbre.
¿Quiénes son todos los que me acompañan, siempre estuvieron aquí o han venido a celebrarlo; los conocía de tiempo atrás o han cambiado tanto que tenemos que volver a presentarnos?
Ésta otra vida estaba guardada bajo el impaciente vuelo de los días.
Qué mundo es el que de verdad nos representa, me pregunto mordiendo el final de una tostada en su punto y pensando el número de veces que voy a masticarla.
Las respuestas se quedan en el aire, esperando para posarse como mariposas inseguras sobre el acento de las preguntas. Dylan ha venido a desayunar conmigo y, aunque es antipático, sonríe mientras come, comprendiéndome.
No importa en realidad que nada se complete, que todo se quede abierto y se salga (el agua, el café, el sol). Ya recogeremos.
Por fin no hay de qué esconderse.
Ahora el tiempo es tan largo como el silencio.
Amparo López Pascual, hoy mismo.


Grande...hacer del comienzo de las vacaciones una cuestión existencial, bañado todo en la ironía. Lo grande de Dylan es que, como los amigos esenciales, aunque a veces queramos estrangularlos, no nos falla.
Precioso.
Lo que más me gusta: "Hace mucho que no me veía y estoy contenta".
La felicidad son esos pequeños momentos que vivimos y "sabemos" disfrutarlos.
A ver si encontramos muchos ratos buenos estas vacaciones.
Besos.
Para Claude: es verdad.
Para soy yo: a ver si los encontramos.
¡Bravo! Sólo por leerte algo así ya mereces unas vacaciones. Sí que eres una poeta (no sé si te gusta poetisa), corrijo lo que te he comentado en el EDE de Fuentetaja, pero siempre con la condición de que lo que escribas no lo pongas bajo el epígrafe de poesía.
No podía recibir mejor noticia que tu presencia por aquí. ¡Qué alegría! Supongo que comprendes, como yo, esa sensación de paralización inicial que producen las vacaciones (aunque luego es todo falso), como un frenazo en seco después de la acelerada carrera de junio. Tengo en cuenta tu comentario de que el tiempo por allí es más lento, así que aún no os habrá llegado el calor intransigente que aquí ya sufrimos.
Saludos al mar.
Me encantaría que escribieras más veces, aunque sólo fuera para comentar; tu criterio suele ser muy afinado. Si quieres mandar algo y no te cabe, cualquier cosa, me la envías por correo electrónico y la cuelgo.
Gracias y un abrazo
Precioso texto, Amparo. Esta reflexión que haces sobre el inicio de las vacaciones me ha bañado por dentro. Cuánto bien nos hace ese tiempo que se ensancha delante de nuestro ojos, que ilumina la certeza de sentirnos bien con nosotros mismos.
Hoy he vuelto a revisar tus entradas antiguas por donde lo dejé la última vez. Un virus digestivo ha aterrizado en mi casa, así que me estoy paseando por aquí...