GRANDES OBRAS ...
Lo que quedaba por decir:
Entre los diez poetas más detacados del siglo (en todas las lenguas), la revista Das Gedicht, incluye a:
Pound
Apollinaire
Mandelstam
Christensen
Ungaretti
Neruda
William Carlos William
Achmatova
Seamus Heany
T.S. Elliot
Alberti apareció ocupando el puesto 24, y Lorca el 32 (no puedo creerlo, es la primera vez que una cosa así ocurre, madre mía estos alemanes), y ambos antes que Bob Dylan. Lo mejor es que B. Brecht figuraba en el 50.
Vendría bien decir algunas cosas, ¿verdad?, pero estamos en lo de siempre. Cada uno echa en falta lo que le gusta.
Hace unos días alguien me sugería la lectura de un libro, de reciente publicación, que se ha puesto muy de moda (no voy a decir el título para no fastidiar a nadie que lo haya comprado). Yo me lo compré, claro, faltaría más, y lo leí en un par de tardes (o menos). No me podía creer que alguien realmente pensara que eso era literatura y que tenía algún interés. Muy sorprendida, hablé con la persona que me lo había recomendado (sin leerlo ella tampoco, cosa que había hecho al mismo tiempo que yo) y le dije llanamente lo que me había parecido. Estábamos de acuerdo: el libro era infumable. Una vergüenza. Para cuando la gente se dé cuenta, el autor se habrá embolsado su dinerito.
No suelo hacer estas cosas, quiero decir que prefiero primero leer los libros y luego comprármelos, si es que me han gustado. Para eso están las bibliotecas, para probar primero. Es el mejor modo de saber. Como todo en la vida. En este caso lo hice mal.
Y ahora, para terminar, un poema de un poeta austríaco que conocí a través de la lectura de Leopoldo María Panero: George Trakl.

George Trakl (Austria, 1887-1914) Poeta expresionista nacido en Salzburgo, de estilo violento y desgarrador. Su obra poética, breve y densa, se compone sólo de Gedichte (1914), Sebastian in Traum (1915) y Die Dichtungen (1919). En
DE PROFUNDIS
Existe un árbol pardo que se alza solitario.
Existe un viento que susurra entre chozas vacías.
Qué atardecer tan triste.
A la orilla de la aldea
la dulce huérfana recoge escasas espigas.
Sus ojos redondos y dorados recorren el crepúsculo
y su seno anhela al esposo celestial.
De regreso al hogar
unos pastores hallaron el dulce cuerpo
descompuesto en el espino.
Una sombra soy lejos de oscuras aldeas.
El silencio de Dios
bebí en la fuente del bosque.
Sobre mi frente golpeó un frío metal.
Arañas buscan mi corazón.
Hay una luz que se extinguió en mi boca.
De noche me encontré en un páramo,
colmado de deshechos y de polvo de estrellas.
En los avellanos
tintinearon ángeles cristalinos.
(Versión de Helmut Pfeiffer)

