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Foto: cerca de mi casa, un instante antes del sol

Alrededor de la misma mesa nos hemos sentado. Jamás juntos, es cierto. Pero el pan era el mismo y el mismo ese rancio sabor y el solitario apetito de encontrar y perder cada bocado.

No sé qué nombre darle a estas cosas.

El papel está sediento de lágrimas. El trazo resbala, oriental, distante. La tinta hace su ruta, inalterablemente mortal.

Un naufragio sin mar, sin playa, sin viajero.

Sólo la urgencia, el desvelo, la absurda esperanza

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Blanca Varela: "El libro de barro"

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